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Estilos de interacción de los sistemas familiares (12/2016) [Nou]

autor

Sergi Andreu Gelabert

Psicòleg- terapeuta infantil Cdiap Baix Camp Nord i Priorat.

Tipología del artículo: altres
   

 

Resumen

Palabras clave 

Estilos de interacción, sistemas familiares

El autor describe en el artículo tres tipos básicos de estilos familiares de interacción social, a partir de las observaciones realizadas en su práctica profesional en el momento de la primera toma de contacto con las familias. Los tipos denominados “excelentes”, “críticos” y “especiales” constituyen formas específicas utilizadas por todos los sistemas familiares para presentarse a otros sistemas y establecer una relación con ellos. En este sentido, el artículo incluye una descripción de las características en la interacción con un sistema terapéutico/asistencial en un primer contacto desde cada uno de los estilos básicos. Más adelante se explica cómo se forman los estilos mixtos a partir de la combinación de los estilos básicos. Finalmente se aborda la forma en que se originan, transforman y transmiten los estilos de interacción familiar

 

Abstract

Keywords 

Styles of social interaction, family systems.

Three basic styles of social interaction, as displayed by families, are described, based on observations made by the author in the course of his professional encounter with families at the moment of their first contact. The three types, denominated “excellent”, “critical” and “special”, refer to the manner adopted by the family system for relating, and presenting itself to, other systems. In this way, the article describes the characteristics displayed by each basic family type upon first contact with the therapeutic/social service system. Subsequently, it explains how mixed styles can be obtained from the combination of the basic family types. Finally, the article considers the manner in which these types of family interaction are originated, transform and are transmitted.

 

Un guía turístico me contó en una ocasión que había tenido un grupo curioso en un viaje organizado, formado por tres familias. Alojadas en el mismo hotel, las familias partieron solas una mañana en su día libre. El guía las esperaba al anochecer en el hotel.

Los integrantes de la primera familia habían solicitado información turística y realizaron un “tour” trepidante por la ciudad, visitando los sitios de interés y registrando con fotografías y filmaciones todos los lugares donde habían estado. Llegaron al hotel cansados pero contentos por haber conseguido ver todo lo que se habían propuesto, y mientras repasaban sus filmaciones, ya imaginaban la cena que harían con sus amigos al volver a su país de origen, para mostrarles todos los sitios imprescindibles que habían “coleccionado”.

La segunda familia salió del hotel después de que todos sus miembros repasaran que tenían el pasaporte consigo, tomando precauciones para el sol y estudiando a fondo la guía de viajes que compraron en su país de origen. Volvieron al hotel un tanto malhumorados porque habían tenido que regatear el precio de todo lo que habían comprado en el bazar, donde además no pudieron relajarse al tener que vigilar constantemente sus pertenencias por miedo a que se las sustrajeran. Aunque les gustaron los monumentos que visitaron, pues para eso habían viajado hasta allí, encontraron caótico el tránsito de la ciudad, la falta general de higiene y la pésima organización de los itinerarios turísticos, la falta de respeto en las colas de acceso y lo poco que se esforzaban las autoridades en hacer un mantenimiento correcto de los monumentos.

La tercera familia salió sin un rumbo fijo y sin ningún panfleto turístico. Al volver explicaron al guía que se habían perdido por unas callejuelas, donde estuvieron mucho tiempo charlando con personas del país que les parecieron muy interesantes. Cada miembro de la familia tomó un almuerzo distinto, en puestos de comida de la calle, a la hora en que cada uno tenía hambre y porque a cada uno le apetecía comer un plato diferente. No vieron ninguno de los monumentos que las otras familias sí habían visitado, pero les encantaron otros rincones de la ciudad que encontraron por casualidad y que ni el mismo guía conocía.

 

El primer contacto por parte de las familias con servicios o sistemas de ayuda (terapéuticos o asistenciales) se asemeja a menudo a viajar a un país exótico. Hay que hacer frente a códigos nuevos, explorar un territorio desconocido, con una “cultura” diferente… También desde los servicios o sistemas de atención, el primer contacto con las familias implica por parte de los profesionales un encuentro con lo extraño, adentrándose en terrenos desconocidos. Lograr establecer puentes de encuentro y conocimiento mutuo entre los servicios y las familias, en estos primeros contactos, va a tener una gran importancia sobre futuras intervenciones.

De este hecho fui particularmente consciente trabajando en servicios de atención social primaria: Me daba cuenta a medida que establecía los primeros contactos con diversas familias, que podía encontrar patrones recurrentes en la forma de interaccionar de estas familias en el contexto de control/ayuda (Lamas, 1997) en el que me encontraba. Pero no fue hasta mi incorporación en el CDIAP Baix Camp Nord/Priorat, donde una de mis tareas consiste en establecer el primer contacto con las familias que llegan a consultar por las posibles dificultades de sus hijos menores de 6 años, que empecé a relacionar, de forma clara, estos patrones de interacción con características de funcionamiento intrafamiliar.

El tipo de entrevista semiestructurada que se realiza con el padre y la madre del niño o niña en este primer contacto con el CDIAP, permite recoger información específica sobre cuál ha sido la interacción que la familia ha experimentado con sistemas de salud – servicios de pediatría, hospitales– y/o con sistemas educativos –jardines de infancia y escuelas–, así como la respuesta que dichos sistemas dieron a la familia (Imber Black, 2000). En la misma entrevista, también se recoge información bastante detallada de la relación que el sistema parental tiene con el resto de miembros de la familia de origen. Para ello, tengo la fortuna de disponer de unas condiciones y un margen de tiempo adecuado. Al finalizar la entrevista, no podía evitar hacer una hipótesis sobre qué forma tendría la interacción con el nuevo sistema (CDIAP) con el que la familia había entrado en contacto. Comentando, a posteriori, con las compañeras que realizaban la exploración del niño junto a los padres y el posterior seguimiento con el terapeuta referente del caso, comprobaba que en la mayoría de ocasiones la hipótesis se veía confirmada.

El trabajo con personas y sistemas familiares implica una revisión constante, por parte del profesional, de las teorías que éste utiliza para intentar comprender por qué los sistemas y los individuos actúan, sienten y piensan de la forma en que lo hacen. En ese ejercicio de revisión, no debería perderse de vista que cualquier teoría se queda corta al tratar de explicar los matices de cada caso particular. El hecho de haber sufrido personalmente una crisis importante con el nacimiento traumático y la hospitalización de mi hija pequeña me llevó a la reflexión que utilizar una teoría para comprender otros sistemas familiares también debe servir para comprender las reacciones y las dificultades de mi propio sistema familiar. Así, aunque las teorías constituyan simplificaciones de la realidad, algunas contienen también un intento sincero de querer comprender mejor a los otros (y a uno mismo, de paso), por si de esto se deriva una mejor práctica, una mirada más respetuosa hacia las familias y los individuos con los que tratamos día a día.

 

A continuación voy a definirlos: Estilos familiares de interacción social, como formas específicas que utilizan los sistemas familiares para presentarse a los otros. Incluyen la transmisión de determinados mensajes compartidos por los integrantes del sistema familiar, y también una propuesta implícita en la forma de relacionarse con el exterior.

Los estilos de interacción orientan expectativas y predisponen a determinadas respuestas ante situaciones de estrés, pero no son categorías definitorias de grupos de personas ni tampoco constituyen una teoría de la personalidad. Por ejemplo, dos familias que compartan un mismo tipo de estilo de interacción pueden diferir tanto entre ellas como con otras familias con un estilo de interacción distinto. Las tipologías de estilos de interacción pueden englobar características comunes en la forma de actuar de familias compuestas por individuos que presenten rasgos de personalidad, valores, posiciones socioeconómicas y bagajes culturales muy diversos. El estilo de interacción tiene que ver con las expectativas y la forma de presentarse a los otros sistemas y también con patrones de relación entre los miembros del mismo sistema.

Los estilos de interacción familiar son una parte constitutiva de la identidad de un sistema familiar, ya que son un elemento importante en cuanto a las interacciones entre los miembros del mismo sistema. A su vez juegan un papel relevante en la construcción de significados compartidos por los miembros del sistema familiar sobre las interacciones que se dan con el resto de los sistemas con los que entran en contacto.

En este texto, utilizo el término sistema familiar en un sentido restringido, es decir, referido a familia nuclear (progenitores e hijos). Cuando hago referencia a sistemas externos, estos incluyen al lugar de trabajo de los padres, grupos de amigos, la escuela, etc. pero también a la familia extensa, ya que ésta no participa necesariamente del mismo estilo del sistema familiar nuclear en cuestión.

Los diversos estilos de interacción familiar (existe un tipo básico de estilo para cada tipo de familia, en principio), obedecen a una creencia genérica: “Nosotros somos buenos”.

La primera función de los estilos de interacción familiar es definir de puertas adentro una identidad compartida entre los miembros que conforman el sistema pero diferenciada del resto. Éste es el resultado de atribuir un significado a la interacción entre “nosotros (que somos buenos) y los otros”. La segunda función de los estilos de interacción familiar es organizar la información que llega desde el exterior del sistema familiar y darle un abanico de significados que refuercen la homeostasis de dicho sistema. La tercera función es la de orientar las motivaciones y, en buena medida, la conducta de sus miembros en lo que refiere a la interacción con otros sistemas.

Existen tres tipos esenciales de estilos familiares (y todos incluyen la creencia “nosotros somos buenos”), a los que atribuyo los siguientes nombres:

  1. “Nosotros somos buenos porque somos mejores” >> Los Excelentes
  2. “Nosotros somos buenos porque los otros no lo son” >> Los Críticos
  3. “Nosotros somos buenos porque somos especiales” >> Especiales/Diferentes

Además de los tipos esenciales, existen tres tipos mixtos como resultado de la combinación de características de los tipos esenciales:

  1. Excelentes - Críticos
  2. Críticos - Especiales
  3. Especiales -Excelentes

No hay estilos familiares disfuncionales en sí, ni tampoco existe una jerarquía entre ellos en el sentido que unos tengan connotaciones más o menos positivas que el resto. Es importante recordar que las características de los estilos de interacción no presuponen características de personalidad de los individuos. Los miembros de sistemas que comparten un mismo estilo de interacción pueden tener características de personalidad muy diversas, así como valores y formas de entender la vida distintos.

 

Distinción de los tipos esenciales

Los sistemas familiares Excelentes reciben este nombre porque buscan la confirmación de una imagen de excelencia. Los miembros de estos sistemas actúan para conseguir lo mejor. Lo “mejor” para cada sistema excelente depende del entorno sociocultural y de características propias de cada sistema. Así, no necesariamente se hace referencia a sistemas familiares de clase socioeconómica acomodada, con profesiones de prestigio o un nivel de instrucción alto. Una característica común de estos sistemas es la voluntad de plantearse metas y alcanzarlas con éxito, y que ese éxito sea reconocido por su comunidad de referencia, o los elementos del ecosistema con los que tienen relación. La exhibición de una imagen exitosa precisa de ocasiones para mostrar la competencia y la auto-superación.

La competición con otros sistemas constituye un mensaje dirigido a los miembros del propio sistema “Debemos ser mejores que los otros para llegar a ser excelentes”. Por lo cual, existe una comparación constante de los logros que obtiene cada miembro respecto de los del resto de integrantes del sistema, de igual forma que se comparan los logros de elementos externos al sistema. En los sistemas familiares en que impera este estilo, los “triunfos” individuales de los miembros son compartidos por el resto y aumentan el estatus del sistema familiar. A la vez, el triunfo individual es un elemento motivador para que los otros miembros intenten superarse o cumplir con lo esperado, como corresponde a un individuo que forma parte de un sistema Excelente. Es decir, los progresos de cada miembro, refuerzan este estilo de interacción y ayudan a la homeostasis del sistema, confirmando la creencia que origina este estilo de interacción.

Los sistemas Excelentes buscan reforzar su imagen procurando establecer relaciones de cierta exclusividad con individuos o sistemas que toman como modelos o que son considerados “de lo mejor”. La exclusividad o lo que en algunos casos se puede interpretar como un cierto elitismo, constituye una estrategia de márquetin del sistema excelente. Pero esta característica toma más relevancia en los momentos de crisis dentro del propio sistema. Por ejemplo, si un sistema excelente pasa por un momento delicado, como la enfermedad de alguno de sus miembros, buscará “el mejor especialista” o “el mejor terapeuta” para tratarse. El siguiente ejemplo ilustra una forma de presentarse y contactar en un contexto de ayuda por parte de un sistema familiar de este tipo:

Ejemplo 1:

Una pareja formada por dos profesionales del ámbito psicopedagógico consultan al Centro de Atención Precoz por los problemas de conducta de su hija de 3 años en la escuela y en casa. El padre explica, en el primer encuentro, todas las estrategias educativas que han intentado aplicar desde casa con tal de mejorar la conducta de la niña. También dan cuenta de las entrevistas que han mantenido previamente con la tutora y la directora de la escuela, a quienes conocen por cuestiones de trabajo. Realizan una presentación de las observaciones que ellos han efectuado sobre el comportamiento de su hija utilizando una terminología especializada. Los padres acaban planteando su teoría al entrevistador: Según ellos, la niña puede cumplir más adelante los criterios de diagnóstico compatibles con un trastorno de déficit de atención. Los padres han requerido otra visita a un reconocido profesional del ámbito privado, a quien conocen a través de un amigo común de éste.

Obsérvese que la familia trata de desplegar ante el entrevistador una imagen de competencia (se presentan como profesionales del ámbito psicopedagógico y utilizan una terminología especial, hasta llegar a plantear ellos mismos una hipótesis diagnóstica sobre su hija) y de deseo de obtener un trato que podría interpretarse como preferencial (hacen saber que tienen contactos, que conocen personalmente otros profesionales prestigiosos relacionados con el ámbito de trabajo del servicio…).

Los sistemas excelentes están preocupados por la jerarquía: “Quien está más arriba o más abajo que nosotros”. La representación mental que comparte el sistema es similar a la de una competición, como si participaran en una carrera o un ascenso a una cima. A menudo, su lenguaje refleja esta representación mental. Pero en los contactos con otros sistemas, puede que este lenguaje no aparezca de forma tan clara, proponiendo una especie de alianza con los sistemas contactados orientado a un “éxito común”. Esta propuesta implícita no siempre se mantiene a lo largo de la relación, y en ocasiones puede llegar a incomodar a los profesionales en los primeros contactos, como explicaré más adelante.

Por otra parte, los sistemas Excelentes que articulan de forma saludable su estilo de interacción, contribuyen positivamente a un nivel más global o social en el sentido que sus miembros generalmente actúan liderando iniciativas, esforzándose en hacer aquello que saben hacer de la mejor manera de la que son capaces, asumiendo retos y dedicando energía para sacar adelante sus proyectos, y en ocasiones ofreciendo generosamente los frutos que de ello se derivan al resto de la comunidad.

 

A continuación voy a ocuparme del segundo de los tipos esenciales: Los “Críticos”, cuyo estilo de interacción se caracteriza por el criticismo que utilizan para relacionarse con el exterior. El ejercicio de la crítica no es un objetivo en sí mismo sino un medio que utilizan para tomar decisiones sobre la calidad de la relación a establecer con un sistema externo.

Lo que buscan principalmente estos sistemas con estilo de interacción crítico es la confianza en sus relaciones con el exterior, con tal de cubrir la necesidad de seguridad que el propio sistema tiene y que garantiza su supervivencia como tal. La creencia “Nosotros somos buenos pero hay dudas sobre los otros” lleva incorporada una desconfianza básica, que activa el sentido crítico, propicia el cuestionamiento y, a menudo, lleva a una actitud de oposición del sistema familiar hacia los sistemas externos.

La desconfianza básica tiene también una función estratégica. El sistema la adopta con la finalidad de “tener suficiente tiempo” y recoger suficiente información para evaluar si el otro es digno de la confianza. Este hecho no comporta que los sistemas Críticos adopten siempre una actitud huraña o poco permeable en relación a los sistemas con los que tienen que convivir e interaccionar, ya que ese intercambio se asume como algo necesario para la supervivencia del propio sistema. Estas interacciones necesarias, o “a las que no queda más remedio que recurrir” se establecen a menudo con cierto recelo: las interacciones con el exterior son vividas, en principio, como amenazantes y hasta potencialmente peligrosas por parte del sistema familiar. Por esta razón, los miembros de un sistema familiar con estilo de interacción crítico, tienden a buscar las interacciones confiables, principalmente, en el interior del sistema familiar, como una forma de encontrar seguridad pero también cumpliendo una función homeostática para el sistema familiar. A la vez que se genera un soporte mutuo entre los miembros del sistema familiar, se ponen en marcha, también, mecanismos de control.

Aunque buena parte de la energía de los sistemas con este tipo de interacción se centra hacia el exterior, como en los sistemas con un estilo de interacción excelente, los sistemas con un estilo de interacción crítico también dedican gran parte de energía hacia el interior del sistema, porque les interacciones con el exterior determinan en buena parte lo que pasa en el interior.

En los sistemas con estilo de interacción excelente, la energía que se dedica hacia el exterior es para influir en el entorno para que éste adopte les características que convienen al sistema. En los sistemas con estilo de interacción crítico, en cambio, la energía que se dedica al exterior es una forma de lucha, de resistencia, en el sentido de preservación del “espacio interno”.

Los miembros de estos sistemas ofrecen a menudo la imagen de ser personas preocupadas, debido a la vigilancia constante en dos direcciones, hacia fuera y hacia adentro. Como si se tratara de un oficial del ejército que vigila el enemigo desde la trinchera y a la vez vigila a su propio bando para comprobar que no se produzcan deserciones. He aquí un ejemplo.

Ejemplo 2:

Un matrimonio va a exponer al equipo de servicios sociales de atención primaria de su barrio la situación complicada que presenta la madre de ella, una mujer viuda de edad avanzada que quiere vivir sola y que tiene problemas de movilidad desde hace tiempo. Su capacidad para vivir de forma autónoma ha ido disminuyendo a la vez ha ido empeorando su estado de salud general. Su hija, que nos presenta la demanda, trabaja a media jornada y a menudo va a casa de su madre para comprobar que se alimente bien, le ayuda en la higiene personal y le acompaña a las visitas habituales con el médico de cabecera. La hija critica abiertamente al facultativo por no realizar el seguimiento adecuado que necesitaría su madre. El matrimonio se queja del resto de hijos de la señora, que no quieren hacerse cargo de ella, aunque algunos tienen una mejor situación económica. Les han comentado unos vecinos que los trámites para pedir una ayuda a la administración o una plaza en una residencia para la señora se demoran mucho, y quieren empezar a prepararse por si las condiciones de la señora empeoran.

Los sistemas con un estilo de interacción crítico están preocupados por las alianzas y los desencuentros entre sistemas o subsistemas. Esto se refleja, en el ejemplo, cuando el matrimonio indica cómo se han posicionado los otros hijos de la señora, dando a entender que la “fractura” entre los hermanos al no hacer piña para atender a la madre ha originado, en gran parte, el problema.

Su representación mental sobre su posición en la vida se asemeja a la participación en una lucha o una batalla. La construcción de las interacciones con otros sistemas difiere de la de los sistemas excelentes en el hecho que no importa tanto la jerarquía (quién está por encima o por debajo) sino quién está “de  nuestro lado” y quién está “en nuestra contra”. Los sistemas con estilo de interacción crítico se repliegan al lado de los aliados con tal de defenderse y atacan a los contrarios, los ven como enemigos potenciales o reales. En el ejemplo anterior, los contrarios son el resto de familiares de la señora y el médico de cabecera. Entre los aliados, hay los vecinos que les han facilitado información sobre los trámites (con los que comparten, de entrada, una desconfianza sobre el hecho que la Administración sea capaz de responder de forma suficientemente rápida). La trabajadora social que realiza la entrevista, está en “estudio”: depende de su actuación, caer en uno de los dos bandos. Será vista como aliada (a la que el sistema familiar vigilará detenidamente para comprobar sus movimientos durante un tiempo) o pasará a engrosar el bando de los contrarios.

Esta forma de proceder de los sistemas con estilo de interacción crítico puede generar en quien los recibe una cierta antipatía al sentirse examinados constantemente. Pero no hay que perder de vista que los sistemas que articulan de forma saludable este estilo de interacción, contribuyen positivamente a un nivel más global o social porque, a menudo, cuestionan el orden preestablecido de cómo son las cosas y no lo aceptan sin más. Además, con este ejercicio animan al resto de sistemas con los que entran en contacto a realizar autoevaluaciones constantes de cuáles son las razones, los objetivos y los métodos que rigen su funcionamiento.

 

El tercer estilo de interacción esencial es el Diferente o Especial. Estos sistemas construyen su identidad a partir de la creencia de ser especiales y únicos.

Los sistemas con estilo de interacción especial tienden a la autarquía al utilizar, preferentemente, sus propios recursos en lugar de ir a buscarlos al exterior. Lo que diferencia este estilo de interacción de los anteriores es que las interacciones con el exterior no suelen tener un gran impacto en lo que pasa en el sistema (en lo que se refiere a cambios de atribuciones de significados o motivaciones). Por el contrario, es lo que sucede en el interior del sistema lo que es más determinante en la interacción con los sistemas de contacto, principalmente en el momento de iniciar o cortar la comunicación con el exterior.

Los sistemas con estilo de interacción especial suelen ir por libre en lo que a muchas cuestiones se refiere, y su forma de actuar puede llegar a ser interpretada como marginal o radical por el resto de sistemas. En efecto, los sistemas con este estilo de interacción no buscan ser comprendidos o aceptados por el resto de sistemas, se mantienen fieles a su propia lógica de funcionamiento (y de significados atribuidos desde el propio sistema, que cumplen una función de cohesión). Esta forma de proceder puede construirse perfectamente al margen de convenciones sociales. Cuando la presión social (intromisiones por parte de otros sistemas externos) es vivida como una forma de control, se origina una crisis en el sistema familiar. Éste se desconecta y huye, en un sentido figurado o real: Cortando la comunicación con otros sistemas referentes y aislándose físicamente.

Este tipo de sistemas están preocupados “por saber cuál es su sitio” en la interacción con sistemas amplios: la inclusión o la exclusión. Más concretamente, cuál es el límite del espacio “propio” y cuál es el límite del espacio de los otros. La preocupación se centra en cómo interaccionar con los otros sistemas en un espacio común o compartido, pero sin diluirse en él. La preocupación, a menudo, tiene que ver con una dificultad real en este aspecto, como se ve en el siguiente ejemplo.

Ejemplo 3:

En una primera sesión de evaluación y diagnóstico que se realiza en un centro de Atención Precoz se presentan un niño de 2 años y medio con sus padres, derivados por el pediatra por problemas de adquisición del lenguaje y problemas de alimentación (apenas ingiere nada que no sea triturado). A lo largo de la sesión, el padre obvia absolutamente la dificultad relacionada con la comida y explica a la profesional que les atiende que se siente muy identificado con su hijo, ya que él mismo también tuvo problemas similares de pequeño, y que por eso soportó burlas de los compañeros de escuela. La madre apenas participa en la conversación, está ensimismada con el niño, compartiendo un espacio entre los dos en el que es difícil introducirse, ya que el hijo está en el regazo de la madre, juega con su pelo y reclama continuamente su atención. La familia vive en un pueblecito de pocos habitantes, comentan que no tienen mucho trato con los vecinos y que suelen ir a todas partes los tres juntos. Comentan que aunque tienen ocasión de compartir espacios con familias del pueblo, no le ven ninguna necesidad. Concluyen: “Estamos a gusto así, siempre juntos”.

El ejemplo ilustra una forma de presentarse que suscita principalmente extrañeza o sorpresa ante el entrevistador: El hecho de que los padres no muestren preocupación porque el niño sólo coma triturado con 2 años y medio, o lo que parece una necesidad de estar siempre los tres juntos… Hay en los primeros contactos con estas familias un velo de misterio en las que el entrevistador, a menudo, se siente como un detective.

El estilo de interacción Especial o Diferente recibe este nombre precisamente por lo pintoresca u original manifestación de su forma de relacionarse con el exterior. La singularidad de la propuesta de relación por parte de este grupo de familias suele producir extrañeza a los profesionales con los que entra en interacción. Pero es un error catalogar de entrada estas peculiaridades como indicadores de una posible disfunción. Como he dicho antes, la categorización en un tipo de estilo de interacción determinado no nos dice nada, a priori, sobre si las relaciones entre los miembros del sistema o con el exterior son más o menos saludables.

Por eso, más allá del primer contacto, el trabajo con cualquier sistema familiar que pide ayuda merece un análisis en profundidad por parte de, al menos, un profesional formado y con experiencia.

Por otra parte, los sistemas con un estilo de interacción Especial que se articulan de forma saludable, contribuyen a un nivel más global o social, aportando perspectivas novedosas sobre muchas cuestiones, a menudo más creativas e innovadoras que el resto, pues no están tan influenciadas por convencionalismos y pueden sugerir informaciones alternativas a la corriente de pensamiento mayoritaria y soluciones originales a problemas nuevos.

 

Características en la interacción con un sistema terapéutico/asistencial en un primer contacto

A continuación presento algunas de las características que pueden resultar útiles para identificar los tres tipos esenciales en un primer contacto. Estas características son más fácilmente identificables en el contexto de una entrevista familiar o de pareja.

  Excelentes Críticos Especiales

1. Relación con otros sistemas

(Incluyendo las relaciones con la familia extensa y otros sistemas habituales: el trabajo, la escuela, servicios de salud, etc.)

“Exitosa”

-En principio se suele “vender” como una relación positiva.

-Se hace referencia a “contactos” o relaciones preferenciales en otros sistemas.

“Tensa”

-A menudo existen conflictos (más o menos abiertos, que se manifiestan a través de juicios y críticas) con otros sistemas.

-La descalificación puede ser abierta o encubierta en forma de comentarios irónicos o cínicos.

“Ambigua”

-Se refieren pocas situaciones donde hubo una interacción intensa con otros sistemas.

-Parecen no dar demasiada importancia a la calidad de la relación con el exterior del sistema familiar.

-Se asume “naturalmente” el hecho de no sentirse siempre comprendidos o tener dificultades para “encajar”.

2. Cómo se presenta la demanda o problema motivo de la consulta

- Suelen explicar  su demanda presentando de forma explícita las soluciones intentadas por el mismo sistema.

-Se acentúan estrategias ya  intentadas y que han resultado exitosas relativamente (Sugerencias de otros profesionales, observaciones realizadas).

-Habitualmente, la demanda viene acompañada de una “teoría” sobre las causas del problema

y adjudicación de responsabilidades.

- Destacan las circunstancias externas que han agravado el problema.

-Demandas o problemas que se plantean primero de forma confusa (el grado de preocupación de los miembros del sistema puede ser desigual o centrados en partes del problema).

-Pueden presentar minimización o conciencia poco clara de la magnitud del problema.

-Explican soluciones intentadas que pueden resultar sorprendentes o extrañas para el interlocutor, pero no para la familia.

3. Pensamientos y sensaciones desde el sistema de ayuda con el que se entra en contacto. -El sistema de ayuda puede sentir sobrexigencia o “adulación” (cuando se percibe el intento de establecer una relación preferencial desde el sistema familiar).  - El sistema de ayuda puede sentirse cuestionado, puesto a prueba, examinado. - Sensación de que el desarrollo e implicación de la familia en el tratamiento o relación asistencial es imprevisible.

En el caso en que se registren características de más de uno de esos tipos, podemos pensar en los tres tipos mixtos o compuestos.

 

Los tipos mixtos de estilos de interacción familiar

Aunque existen familias que reflejan los estilos esenciales de interacción descritos anteriormente, es bastante común encontrar sistemas familiares que comparten características de dos de estos arquetipos, o tipos esenciales.

Así, a las tres tipologías anteriores, deberíamos añadir otras tres:

  • Excelentes-Críticos
  • Críticos-Especiales
  • Especiales-Excelentes

Estas tipologías “mixtas” o compuestas, comparten características de los dos tipos esenciales que las componen, tanto en la forma de presentarse en contacto con otro sistema, como en la forma de interaccionar dentro del sistema familiar.

La tipología Excelentes-Críticos, por poner un ejemplo, puede contener más características típicas de los sistemas excelentes cuando el sistema se siente seguro y características que son propias de los sistemas críticos cuando el sistema se encuentra en dificultades, o viceversa. La imagen que a mi entender ilustra mejor estas tipologías mixtas es la de un péndulo que oscila irregularmente entre dos polos: Dependiendo del estado general del sistema en un determinado período pueden pesar más unas características que otras.

Gráfico 01

Como el resto de aspectos de la conducta humana y su naturaleza social, los estilos de interacción están sujetos a la evolución y al cambio. Más aún si el sistema familiar entra en contacto con otros contextos y mantiene un intercambio comunicativo suficientemente significativo, como cabe esperar en el caso de un contexto asistencial o terapéutico. Así, la conceptualización de los estilos mixtos introduce la idea de gradación en los cambios de estilo. Por ejemplo, un sistema familiar con estilo de interacción crítico-especial puede presentarse en los primeros contactos con un sistema de ayuda mostrando (y también comportándose en sintonía a nivel de interacciones internas) su parte más “crítica”: Guardando las distancias, midiendo la cantidad de información sobre ellos mismos que están dispuestos a facilitar, analizando escrupulosamente al profesional o el funcionamiento del servicio con el que han entrado en contacto. A medida que el sistema de ayuda “demuestra” que es digno de su confianza (por ejemplo porque da garantías sobre la confidencialidad de la comunicación, porque la familia no se siente injustamente juzgada, etc.), puede relajar su posición de alerta y defensa para mostrar aspectos idiosincrásicos de su funcionamiento, compartiendo ideas originales que el mismo sistema propone como solución, y mostrando “sus cartas” de forma más abierta (su parte más “especial”).

Cuando los sistemas padecen situaciones fuertemente estresantes, su estilo de interacción suele manifestarse de una forma más rígida. Con esto quiero decir que se observan menos oscilaciones en su forma de interaccionar con otros sistemas. El hecho de que una familia ensaye nuevas formas de interaccionar entre sus miembros y con el exterior, debería tomarse como un indicador de salud. Al mostrar un funcionamiento más flexible, se dan mayores oportunidades para el aprendizaje de nuevas estrategias para gestionar y resolver sus problemas.

 

Cómo se originan, transforman y transmiten los estilos de interacción familiar

Los estilos de interacción no se transmiten necesariamente de forma inalterable con el paso de una generación a otra.

Al constituir la pareja, cada miembro de la misma aporta un estilo de interacción familiar en referencia a su propia familia de origen o proviene de un estilo de interacción que ha formado con una pareja anterior. Estos estilos “antiguos” no se replican automáticamente en el proceso de formación de la nueva pareja. De hecho, haber crecido bajo un determinado estilo de interacción familiar no implica tener que compartirlo siempre. Cuando un individuo se distancia evolutivamente de su propia familia de origen, tiene la oportunidad de replantearse el estilo de interacción de referencia y sopesar la influencia que éste tiene en su forma de funcionar cotidianamente. Lo mismo pasa después de una ruptura sentimental con una pareja anterior con la que se ha compartido un espacio de convivencia y unos proyectos conjuntos. A menudo, este proceso de evaluación no es enteramente consciente ni meditado, sino que puede inferirse a través de diversas manifestaciones, como la elección de un ritmo de vida muy diferente al que se había compartido hasta ahora con la familia de origen, en la búsqueda de un itinerario profesional determinado (por ejemplo, muy distante de las profesiones desempeñadas por padres o el resto de hermanos) y especialmente en el momento de escoger la nueva pareja. Éste es un aspecto a menudo importante, porque implica la creación de un original estilo fundador de la pareja, que posteriormente afectará a los descendientes en el caso que aparezcan.

La creación de un estilo de interacción se fragua básicamente en dos tiempos. El primer tiempo, coincide con el momento del ciclo evolutivo en el que un hijo empieza a emanciparse de su propia familia de origen, o sea, adquiere una autonomía en el diseño de un proyecto personal de vida.

Como explica Canevaro en su libro Terapia individual sistémica: “El ser humano adulto se debate permanentemente en un eje que oscila entre dos grandes necesidades: La necesidad de pertenencia a un sistema familiar que nos ha dado la vida y el nombre y con el que hemos acumulado miles y miles de interacciones, y la necesidad de diferenciación, impulso espontáneo que nos lleva a explorar el mundo y diseñar un proyecto existencial autónomo para insertarnos creativamente en la cultura circundante y, eventualmente, reciclarnos con nuestra descendencia en un mecanismo transgeneracional de supervivencia de los valores heredados” (Canevaro, 2012, pág.35).

El segundo tiempo se origina con la convivencia en pareja. Desde el momento en que se inicia la nueva relación empieza un proceso de negociación sobre el perfil del estilo de interacción. Esta negociación no es plenamente consciente y el estilo se va consolidando a medida que transcurre el tiempo de convivencia, a la vez que va reforzándose por las decisiones que se van tomando en el ámbito de la vida en pareja.

Ejemplo 4:

M. es el segundo de cuatro hermanos, hijo de una pareja de emigrantes de una zona rural de Andalucía que llegaron en los años 60 a una pequeña ciudad de Cataluña. Los padres de M., provenientes de un bajo estatus sociocultural, sacaron adelante a la familia pasando muchas privaciones, y los chicos trabajaron en empleos poco cualificados desde muy jóvenes para contribuir a la mermada economía domestica. La relación entre los padres de M. nunca fue buena y se fue deteriorando a raíz del alcoholismo del padre, que murió cuando M. era adolescente. La madre intentó aglutinar la familia y trató de controlar la vida de sus hijos utilizando la crítica y el reproche por las decisiones que ellos tomaban y que ella nunca encontraba acertadas, advirtiéndoles del peligro que siguieran el mal camino de su padre (E. I. Crítico).

M. se trasladó a una ciudad vecina y empezó un negocio propio, trabajando duro y gestionando con éxito los beneficios, cosa que le permitió el ascenso a un nivel social y económico más elevado que el de sus hermanos, a la vez que inició una relación sentimental con P., una mujer bastante mayor que él.

 

La familia de origen de P. era muy reducida. Huérfana de padre desde que tenía 5 años había pasado toda su vida junto a su madre y un hermano dos años menor que ella. Ni ella ni su hermano se habían casado, y durante los últimos años P. había cuidado de su madre gravemente enferma hasta que ésta murió, poco antes de que P. iniciara la relación con M. La relación de P. con su hermano siempre fue distante, ya que éste dedicaba la mayor parte de su tiempo a la tienda de antigüedades que él regentaba y que era la principal fuente de ingresos de la familia. (E. I. Especial).

Ni la madre ni los hermanos de M. aprobaron nunca su relación con P., argumentando la gran diferencia de edad que existía entre los dos. M. y P. iniciaron la convivencia y fueron distanciándose progresivamente de sus familias respectivas, manteniendo un reducido círculo de amistades relacionadas con el negocio de M. En su entorno, causaba bastante perplejidad que la pareja manifestara abiertamente su intención de no desear hijos (cosa que no era habitual en la época) y los viajes que realizaban a menudo a lugares exóticos. (E. I. Excelente-Especial).

Los estilos de interacción pueden estar en continua renegociación por parte de los miembros de la pareja. El mantenimiento o la evolución del estilo de interacción original depende, en gran medida, de la forma en la que el sistema familiar reacciona a hechos “inesperados”, que pueden ocurrir a lo largo de las etapas del ciclo vital: Aparición o no de los hijos, cambios en la esfera profesional como la pérdida de empleo o aparición de nuevos retos profesionales, variación de estatus socioeconómico, enfermedad grave de uno de los dos progenitores o la detección de necesidades educativas especiales en un hijo, etc. ponen a prueba la funcionalidad del estilo familiar original.

La variación hacia otra forma de interacción implica una readaptación de todo el sistema y se manifiesta en un cambio en la actitud y la conducta de sus integrantes que se acompaña de una forma distinta de ver el mundo. A menudo, estos cambios se originan a raíz de hechos imprevisibles, que no se encontraban en el guión preestablecido por la pareja. He aquí un ejemplo.

Ejemplo 5:

Una pareja convive desde hace diez años, con  una intensa vida social a raíz de la su participación en asociaciones culturales de la ciudad, con un grupo extenso de amigos y conocidos con los que comparten aficiones y tiempo libre. El marido trabaja muchas horas y en un horario flexible, ya que ocupa un puesto de responsabilidad en la empresa, donde entró en el inicio de su vida laboral y en la cual ha ido ascendiendo rápidamente. La esposa trabaja a media jornada como administrativa y dedica mucho tiempo y energía a las entidades culturales de las que son socios los dos, tomando parte de la junta directiva desde hace tiempo, con un círculo amplio  de relaciones. Poco antes de dar a luz a su primer hijo, le hacen la propuesta de una posición aventajada en la lista electoral municipal del principal partido de la oposición, a la que debe dar respuesta. (E. I. Excelente).

Los primeros meses después del parto, transcurren sin demasiadas variaciones en las actividades de la pareja, con la salvedad que la madre disfruta de la baja por maternidad, hasta que al poco tiempo se constata que el niño padece un retraso en su desarrollo a causa de una enfermedad minoritaria de origen genético. A partir del diagnóstico y en el transcurso de los meses siguientes se produce un cambio en la manera de funcionar habitual de la pareja: Hay menos encuentros con los amigos, y mantienen una relación más estrecha con un pequeño grupo de estos. El padre no trabaja tantas horas y empieza a llegar más temprano a casa, y en los fines de semana hace propuestas de salir toda la familia junta a casas de turismo rural, ya que piensa que estar al aire libre favorecerá al pequeño. Con un grupo de amigos a los que les gusta la montaña, proyectan fundar un club excursionista, para compartir con su hijo salidas cuando éste sea mayor.

La madre abandona el proyecto político y no se reincorpora a su antiguo empleo, para atender al hijo. Se informa sobre los nuevos avances médicos en el tratamiento del síndrome que padece, confeccionando y actualizando un blog para mantener el contacto con otras familias afectadas. La pareja se va desvinculando de la mayoría de espacios y grupos en los que antes tenían una presencia importante, y centran la mayor parte de su energía en la vida familiar y la atención de su hijo. (E. I. Excelente-Especial).  

Como en el ejemplo, el diagnóstico de dificultades en el desarrollo de un hijo supone siempre un impacto para todo el sistema familiar. Éste debe reorganizarse para asumir la situación y dar una respuesta a un reto nuevo. La forma de reorganizarse puede tomar caminos bien diferentes, pero a menudo (aunque no siempre) conllevan una transición en el estilo familiar de partida de la familia.

Estas transiciones de estilos familiares comportan necesariamente una crisis dentro del sistema. En el marco de un estilo excelente-crítico, por ejemplo, uno de los integrantes de la pareja puede mantenerse en la misma forma de funcionar e interpretar la realidad bajo este prisma, mientras el otro cónyuge se orienta a la creación de un estilo especial (y por consiguiente, una forma totalmente distinta de conceptualizar y de dar respuesta a las dificultades). El desacuerdo puede resolverse creando un nuevo estilo de interacción en el que se encuentren cómodos los dos miembros o mediante una ruptura de la convivencia. Los dos por separado pueden establecer estilos de interacción diversos con otras parejas, y empezar de nuevo la negociación.

Cabe aclarar que si bien puede darse una transición de estilo de interacción, esta transformación no debe ser un objetivo para los profesionales de los servicios de ayuda. El hecho de que determinadas propuestas de interacción realizadas por parte de las familias a los servicios, puedan ser interpretadas como amenazantes o incómodas para determinados profesionales, no debe atribuirse a una supuesta disfunción o patología relacionada con el estilo familiar, como ya se ha apuntado anteriormente. El hecho de superar esta amenaza, cuando así es vivida por parte del profesional, constituye ya una intervención con la familia. Para ello es necesario en primer lugar que el profesional legitime la preocupación, inherente en toda situación de crisis, de la familia que acude en su ayuda. Y en segundo lugar, mostrar claramente que el profesional tiene la capacidad de comprender la versión de los hechos que la familia le ofrece a través de su estilo de interacción, aunque eso no implica que necesariamente la comparta. Si el profesional es capaz de realizar esos dos pasos con éxito, hay mayores posibilidades de que la familia no se sienta amenazada y pueda abrirse a lecturas alternativas o complementarias sobre la definición del problema.

Una parte importante del trabajo terapéutico a realizar con familias en una situación de dificultad es favorecer que éstas dispongan de un abanico más extenso de posibilidades a la hora de tomar sus propias decisiones. Para ello es útil animarlas a ensayar comportamientos más flexibles y aumentar su campo de visión acerca de lo que les sucede. A veces, utilizando el profesional aspectos que podrían tomarse prestados de estilos de interacción complementarios a los de la familia. Por ejemplo, con una familia con estilo excelente-crítico, proponer puntos de vista propios de un estilo especial. Con eso no se persigue que los miembros de la familia incorporen forzosamente estos puntos de vista que les resultan extraños, sino favorecer la discusión y la posible revisión de creencias propias del estilo de interacción en el que la familia se halla anclada. Este tipo de intervención puede resultar arriesgado en los primeros contactos o en una fase inicial de tratamiento, y poner en peligro la alianza terapéutica, ya que puede ser interpretado por la familia como un cuestionamiento directo a su forma habitual de proceder. Una intervención así sólo es pertinente cuando se ha logrado un clima suficiente de colaboración con la familia en la búsqueda conjunta de soluciones. Aun así, la actuación del profesional debe garantizar el respeto y el cuidado hacia todos los miembros del sistema familiar. En esas condiciones, es posible promover con los individuos y las familias estrategias para resolver sus problemas de una forma más flexible y creativa. 

 

Bibliografia

Cancrini, Luigi: La psicoterapia:gramática y sintaxis. Manual para la enseñanza de la psicoterapia. Ediciones Paidós Ibérica, S.A., Barcelona, 1991.

Canevaro, Alfredo:Terapia individual sistémica con la participación de familiares significativos. Ed. Morata, S.L., Madrid, 2012.

Imber-Black, Evan:Familias y sistemas amplios. El terapeuta familiar en el laberinto. Ed. Amorrortu, Buenos Aires, 2000.

Lamas, Carlos: Primeros contactos. En Coletti, Maurizio y Linares, J. Luis (comp.): La intervención sistémica en los servicios sociales ante la familia multiproblemática. Ed. Paidós, Barcelona, 1997, pág. 83-123.

Minuchin, Salvador:El arte de la terapia familiar. Ed. Paidós, Barcelona, 1998.

Watzlawick, Paul; Beavin Bavelas; Janet y Jackson, Don D.:Teoría de la comunicación humana. Interacciones, patologías y paradojas. Herder Editorial, S.L., Barcelona, 1981.

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Estilos de interacción de los sistemas familiares · Sergi Andreu Gelabert (01/2017) [Nou]

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