Home / Últimos números / Número 35 (05/2013) / La violencia en el entorno familiar. La infancia como víctima · Rosa Maria Gonzalez Merino

La violencia en el entorno familiar. La infancia como víctima

autor
Rosa Maria Gonzalez Merino:
Treballadora social.
Cdiap Sant Joan de Deu
Tipología de artículo:
conceptual o de reflexión
   

Resumen

Palabras clave 

Violencia, entornos violentos, niños espectadores y víctimas, daño, intervención profesional.

Al utilizar aquí el término “violencia en la familia” pretendemos englobar diferentes formas de relación abusiva dentro del entorno familiar: de género, entre la pareja de padres, intrafamiliar, de padres a hijos, de éstos a sus padres… Somos conscientes que el término es, en algún sentido, ambiguo y limitado y que requeriría de un análisis más amplio y profundo que por razones obvias no haremos.

Aquí nos aproximaremos a la violencia que sufren los niños dentro del hogar ya sea de forma directa o indirecta. Es decir, el niño como espectador y víctima de un entorno violento sean cuales sean las causas que lo producen.

Analizaremos algunos de los efectos más frecuentes que observamos en “estas infancias” dentro de los contextos de práctica en atención temprana. Estas consecuencias suelen aparecer, la mayor parte de las veces en forma de síntomas, detectados habitualmente en contextos sanitarios, educativos y sociales, y que motivan la derivación y consulta al CDIAP (Centro Desarrollo Infantil y Atención Precoz).

Son niños vulnerables no sólo por los problemas personales que presentan, sino principalmente por estar dentro de entornos familiares con dificultades psicosociales.

Por último sugerimos algunas líneas de intervención que pueden ser útiles en la práctica del contexto del CDIAP. Pensamos en actuaciones centradas en el entorno del niño y que superan esquemas de práctica orientadas básicamente a los síntomas que éste presenta.

 

Abstract

When we use the term "violence in the family", we intend to include different forms of abusive relationships within the home environment: gender violence, between parents, intrafamiliar, parents against children and vice versa and so on. We are aware that the term is somewhat ambiguous and limited, it should require a wider, deeper analysis that we will not conduct for obvious reasons.

We will try to approximate to violence against children in their home environment, either direct or indirect. That is, the child as a spectator and victim of a violent environment whichever the causes that produce it.

We will analyse some of the most frequent effects we observe in the contexts of the practice in early assistance. These consequences appear mostly as symptoms, usually detected in health, educative and social contexts which cause referral to the CDIAP (Children's Development and Early Assistance Centre).

They are vulnerable children not only for their personal problems, but also for living in home environments with psychosocial difficulties.

Finally, we will suggest some intervention guidelines that might be useful in the practice of the context of the CDIAP. We believe in actions focused on the child's environment which go beyond the practice schemes focused on the symptoms.

 

¿Por qué este artículo?

 En los  años de práctica profesional en contextos familiares en dificultad social, aparece en nosotros como constante recurrente, la preocupación por los efectos en el niño/a de las relaciones violentas presentes en el entorno cercano en que su vida transcurre.

Dinámicas familiares inmersas en el sufrimiento y confrontadas permanentemente a situaciones estresantes. Relaciones desiguales en la pareja de padres. Adultos con dificultades para gestionar sus vidas y ejercer su responsabilidad parental. Adultos que ejercen sus funciones desde el abuso y el maltrato. En consecuencia, niños “dañados” por esa violencia sufrida directa e indirectamente y que pone en cuestión su proceso evolutivo, base de su desarrollo vital.

Esta experiencia nos ha ayudado a entender algunas cosas sobre las relaciones humanas, sobre las personas y también sobre nosotros mismos, a la vez que nos ha enfrentado a la experiencia del no saber, del no entender, y por qué no decirlo, en ocasiones al sentimiento de fracaso y al desgaste personal.

Tomar conciencia de todo esto nos lleva a reflexionar sobre el conocimiento adquirido, con una doble intención: descubrir “pistas nuevas de práctica” y  entablar un diálogo con otros profesionales.

Por lo tanto este artículo es una forma de compartir un camino de experiencia y conocimiento a la vez que nos permite mantener un diálogo abierto con nosotros mismos.

 

Acercándonos al problema

 

El concepto

El término violencia engloba como sabemos situaciones diversas. Aquí pensamos  referirnos  a él como:

 

1.-Expresión de una historia de sufrimiento, tensiones y conflictos entre adultos

Los padres que no ejercen buen trato con sus hijos, suelen tener una historia de carencias afectivas en su infancia, cuando no de maltrato.

Esta historia puede estar relacionada con una forma de maltrato hacia sus hijos, de tipo físico, negligente y/o de abandono.

 

2.-La consecuencia en los niños de un déficit en las competencias parentales (personales, emocionales, discapacidad, enfermedad mental, consumo de tóxicos...)

En estas familias, los padres son adultos con personalidades frágiles y con dificultad para tolerar las muchas tensiones a las que se han de enfrentar.

Sus actuaciones suelen ser impulsivas, poco pensadas y las relaciones que suelen tener con sus hijos no permiten el establecimiento de vínculos estables.

Es sabido que cualquier tipo de enfermedad puede producir innumerables problemas en la familia. El trastorno mental de uno u otro de los padres, sobre todo si no está compensado, el alcoholismo y/o abuso de otros tóxicos, la enfermedad crónica y/o invalidante, entre otros, trastornará fácilmente las rutinas, las interacciones, los roles y a menudo es la causa de relaciones tensas o violentas en el sí de la familia.

En este contexto relacional, las necesidades de los adultos suelen  derivar en demandas inadecuadas hacia los niños, y es habitual que se espere que adopten papeles inapropiados para su edad y grado de madurez.

Esta forma de ejercicio parental, suele estar relacionado con una forma de maltrato: de tipo negligente, psicológico y a veces físico.

Una red familiar y social escasa, presente en muchas de estas situaciones,  contribuye al aislamiento de la familia y más concretamente del niño, porque le faltan figuras de apoyo y sostén.

Por otra parte, es frecuente que estos padres, tengan dificultades para solicitar y utilizar adecuadamente la ayuda del tejido social, de  forma que las relaciones que establezcan con estos dispositivos sean con frecuencia percibidas, como insatisfactorias y/o amenazantes. Una respuesta de los servicios de apoyo social basada únicamente en el control, así como una actitud profesional poco empática y sensible, pueden contribuir también a ello.

 

3.- Relacionada con contextos de pobreza y/o exclusión social (clima familiar de inseguridad, falto de cobertura de necesidades básicas, ingresos insuficientes, cambios frecuentes (figuras de referencia, territorio, vivienda…)

Son  familias cuyos miembros se encuentran involucrados constantemente en crisis sociales.

Dentro de ellas existe un fuerte estrés familiar, creado por los acontecimientos del entorno y/o internos de la familia, que amenazan al bienestar de sus miembros al estar en cuestión la cobertura de necesidades básicas.

Son familias con muchas carencias en el orden de lo práctico y con dificultades importantes para afrontar problemas: situación económica muy desfavorable, falta de vivienda, hacinamiento, falta de trabajo, insuficiencia de recursos básicos, deudas acumuladas…

En la base de estos problemas podemos encontrar causas ligadas a desajustes estructurales y desigualdad en las relaciones sociales.

Los niños inmersos en este clima familiar pueden sufrir un tipo de maltrato  relacionado con la negligencia y/o el abandono.

 

4- Diferentes formas de violencia intrafamiliar

a. -Tensiones emocionales graves en la pareja de padres que pueden llevar a la separación o al divorcio

La separación o divorcio suele ser un paso más en una situación de conflicto mantenido entre los padres. En cualquier caso se da una ruptura del equilibrio y conlleva sufrimiento y sentimiento de pérdida para todos los miembros afectados (C. Pérez Testor, 2006).

En esta situación el niño siempre pierde la presencia cotidiana de una persona significativa para él. Pero pensamos que  lo que realmente afecta a un niño que vive la pérdida de un progenitor, es la conflictividad que rodea al proceso de separación y sobre todo cuando continúa después de ella. No es la separación de los padres lo que provoca  mayor sufrimiento a los niños, sino  su utilización o exposición directa o indirecta al conflicto, dejándoles así sin la suficiente  protección.

b. -Conflictos intrafamiliares continuos cuando no malos tratos

Nos referimos al conflicto en la pareja de padres y también a las situaciones de maltrato intrafamiliar, a las que nunca es ajeno el niño porque con frecuencia  es involucrado en las peleas o incluso puede llegar a sentirse responsable de ellas.

Esta forma de violencia, “tiene repercusión importante en la salud mental de los padres y también en la de los hijos “(C. Pérez Testor, 2006).

En estos entornos familiares es habitual que sus  miembros  estén sometidos a un fuerte estrés personal y/o social. Las interacciones inadecuadas o violentas que mantienen, involucran a todos los miembros y muy directamente a los niños. Es posible que cada uno de los padres considere  al niño como la fuente inmediata de la tensión que vive y como tal éste resulte ser un blanco cercano y  disponible en quien descargar la frustración y malestar.

Estas familias en las que los adultos tienen tendencia a repetir comportamientos violentos,  pueden trasmitir  modelos, que sus hijos tenderán a repetir.

Esta forma de no buen trato en sentido amplio, se da en cualquiera de las etapas vitales del niño y la familia. Sin embargo, son los niños de menos edad los más vulnerables.

 

Podíamos decir que estas situaciones no sólo se dan en familias mal llamadas “problemáticas”. Sin duda hoy podemos afirmar que el descuido, el maltrato y el abuso, ocurren en todos los grupos y capas sociales.

Las causas no sólo debemos explicarlas en términos de variables personales, ésta sería a nuestro entender una  visión muy simplista y culpabilizadora, sino también de tipo estructural, ligadas a los desajustes del medio socio-político y económico y a políticas insuficientes de apoyo a la familia entre otros, que dan lugar a situaciones de desventaja y/o de injusticia social en las que algunas familias viven.

c.- Cambios en las estructuras familiares que pueden implicar fuertes tensiones para todos y cada uno de sus miembros

Familias separadas, divorciadas, reconstruidas, monoparentales, homosexuales, ampliadas, biológicas, adoptivas, autóctonas, inmigrantes, integradas, aisladas…,  conforman el escenario social actual.

La adaptación y los ajustes a los cambios son necesarios pero fácilmente devienen fuente de estrés y tensión para sus componentes y especialmente para los niños. Son cambios que requieren de tiempo, sensibilidad y acompañamiento al niño por parte de los padres, quienes frecuentemente no tienen la disponibilidad adecuada y es por ello que suelen necesitar de la ayuda externa.

A modo de resumen nos parece oportuno recoger aquí la síntesis clarificadora que G. Salvador (2009) hace de las dificultades parentales que afectan directa e indirectamente a los niños y que devienen en relaciones violentas en el sentido que señalamos en este trabajo:

  • Conflictiva entre los padres, en la que el niño es protagonista central. No puede entender lo que pasa pero si recibe sus efectos.
  • La falta de empatía de los padres que impide comprender y hacerse cargo de las emociones del niño.
  • Patologías de los padres: salud mental, consumo de tóxicos, inestabilidad emocional y en las relaciones.
  • Circunstancias socio-económicas y laborales que añaden estrés y dificultad.

 

Ideas principales

Enumeramos algunas de las ideas que vertebran este trabajo y que  pretendemos desarrollar:

  • Las relaciones violentas entre las personas tienen que ver también con la desigualdad y la injusticia social. Es decir, no podemos reducir el problema a una cuestión personal, sin tener en cuenta su dimensión estructural, social y cultural.
  • El maltrato, o cualquier forma de no buen trato, es un tema de salud y es responsabilidad de todos.
  • Algunas formas de violencia tienen mayor riesgo de pasar desapercibidas (invisibles a los ojos) al no considerarlas como una forma de distrato/maltrato y por lo tanto quedan sin ser atendidas.
  • Debido a que la familia constituye un sistema, los problemas de sus miembros a nivel individual y los que pueden surgir en la interrelación entre ellos, pueden entorpecer, cuando no condicionar, el desarrollo del niño.
  • En ocasiones, el sistema familiar está tan trastornado que puede ser inadecuado e incluso peligroso para el niño. Su protección es en esos casos,  la primera forma de intervención adecuada.

 

Los mitos en torno a las situaciones de desatención y maltrato

Nos referimos a ellos como creencias aceptadas como válidas sin haber sido sometidas a una reflexión crítica.

Son elementos que están en nuestra cultura, en nuestras vidas y en ocasiones tocan algunos aspectos íntimos de nuestra propia historia.

La principal función de los mitos es intentar que no haya conciencia de la gravedad del problema y sus consecuencias, dificultando así su resolución y una actuación eficaz.

 

Algunas ideas erróneas referidas a las relaciones violentas en general

  • Creer que la violencia y el maltrato existen únicamente ligados a la pobreza y la marginación y que, por ello, sólo se dan en contextos desfavorecidos socialmente.  
  • Pensar que con determinadas familias en situación social desfavorecida, se hace imposible intervenir profesionalmente y obtener algún tipo de resultado.
  • Creer que el maltrato sólo se da cuando podemos evidenciarlo, es decir, cuando existen lesiones graves y evidentes con consecuencias observables y demostrables.

 

Algunas ideas erróneas  referidas a la violencia en la infancia

 

Si pensamos y actuamos según creencias erróneas, quedamos lejos de detectar la realidad y por lo tanto sin posibilidad de atender y /o proteger al niño, exponiéndole a consecuencias graves en su desarrollo, o incluso poner en peligro su vida.

  • “La violencia en la pareja, afecta a pocos niños/as”. Se parte de la idea de que sólo ocurre en situaciones aisladas.
  • “La violencia entre padres, no necesariamente perjudica a los hijos”. Esta afirmación se apoya en una supuesta división entre lo que sería el sistema padres y el sistema hijos.
  • “Los niños/as tienden a olvidar las experiencias negativas y dolorosas, sobre todo si son muy pequeños…, no se dan cuenta, no entienden lo que sucede a su alrededor…”. Afirmar esto es negar lo que la práctica enseña: Los niños comprenden mucho más de lo que a los adultos nos gustaría creer. Incluso siendo muy pequeños perciben el clima emocional, el dolor y el sufrimiento que les rodea.
  • “Es mejor no ahondar en el tema con los  niños para evitarles mayor dolor”.
  • Pensar así es admitir que se sanan solos, que la intervención externa no es útil ni necesaria. Es ignorar algo tan básico, como que el primer paso para superar el sufrimiento, es tener la experiencia de expresarlo y exteriorizarlo.
  • “Los niños y niñas que viven la violencia entre sus padres, no reciben maltrato”. Verlo de esta manera, evita considerar la violencia como un problema grave que afecta a su desarrollo y por lo tanto actuar en consecuencia.

 

Del concepto al ejemplo 

Sin pretender abarcar aquí todas las formas de violencia que se dan en el contexto social actual, señalaremos algunos signos o síntomas de la misma,  presentes en el niño/a y que motivan la consulta al CDIAP.

En algunos casos, la violencia es planteada como la  “causa” de las dificultades que el niño presenta, pero en la mayoría de ellos, la sintomatología que aparece es vista como elemento “atribuible” al propio niño expresada en forma de conductas y detectada en un contexto diferente a la familia.

En la práctica es habitual observar que las relaciones de conflicto en la familia están directamente relacionadas con los problemas evolutivos que los niños pueden presentar en forma de dificultades en la conducta, regresiones, dificultades en el lenguaje, retraso en los aprendizajes…

Destacaremos a continuación dos situaciones de conflicto familiar, que observamos con más frecuencia en el marco de la atención temprana.

 

a) Conflictos relacionales continuos  y/o maltrato entre los padres 

Los niños dentro de este ambiente violento siempre sufren maltrato. Suelen convertirse en mediadores en las luchas de sus padres pero también es frecuente que esta violencia la vuelvan contra ellos mismos, manifestando conductas que provocan rechazo y castigo, siendo blanco de actitudes de no buen trato o incluso de maltrato, de sus padres o de otros adultos que les rodean.

 

b) La separación y el divorcio de los padres

Las tensiones que se derivan representan sin duda un factor de riesgo para el niño pero lo que solemos observar en estos casos, es que a pesar de que los hijos de padres separados tengan problemas de adaptación, la mayoría puede superarlo si:

  • Han recibido una explicación de la ruptura adecuada a su edad.
  • No se dan conflictos entre los padres después de la separación.
  • Existe buena relación y contacto fácil con ambos padres.
  • Tienen información del progenitor ausente aunque no tengan contacto   con él.
  • Se da una buena adaptación de los padres al proceso.

Si en ambas situaciones se dan además carencias de tipo estructural, socio-económicas y/o de salud u de otro tipo, las tensiones serán sin duda mayores y más directamente afectará a las relaciones y por lo tanto al niño.

En el caso de que el niño tenga un diagnóstico que limite su autonomía y capacidades, aquél se convierte en un factor de riesgo elevado para él, por las tensiones, adaptaciones y ajustes emocionales y prácticos que los padres se ven obligados a realizar.

 

Ámbitos dañados que pueden motivar consulta

La respuesta de los niños/as a la violencia sufrida y/o vivida, se manifiesta en forma e intensidad variable y  tiene en ellos consecuencias diversas, si bien es indudable que siempre tiene un efecto en su desarrollo, a veces transitorio y otras a más largo plazo, dependiendo de factores como el tiempo y tipo de exposición ( niños testigos y/o  expuestos a la violencia de su entorno, o niños víctimas de violencia directa), la gravedad y los recursos propios de protección  del niño y del entorno.

Afectivo: La violencia que rodea a los niños puede desestabilizarlos y perder la seguridad básica que necesitan para desarrollarse afectivamente.

Los comportamientos que manifiestan suelen ser del orden siguiente:

  • Pueden expresar poca empatía hacía otros y reaccionar de forma agresiva hacia sus  compañeros, amigos, hermanos o incluso hacia sus propios padres.
  • Presentan dificultades para dormir, miedos diversos a separarse del adulto, a quedarse solos…
  • Plantean problemas en la alimentación. Dificultades para regular la ingesta: come poco o demasiado.
  • Pueden mostrarse alterados, movidos en exceso, inatentos… otros tristes, sin interés, desmotivados, no juegan… o bien en estado de alerta, hipervigilantes…
  • Suelen enfadarse fácilmente y tienen dificultad para controlar su rabia. En general se muestran confusos y desorientados.

Social: En este ámbito puede que las relaciones con otros adultos también se presenten alteradas.

  • Pueden tener miedo a que les hagan daño o mostrar hacia los demás desconfianza.
  • Tienen tendencia a aislarse y  jugar solos.

Cognitivo y de aprendizaje

En esta área suelen presentar:

  • Dificultades en la adquisición del lenguaje
  • Rendimiento escolar más bajo
  • Dificultades en la atención y concentración
  • Dificultades en el aprendizaje y desmotivación

Físico

  • Expresiones de malestar psicosomático: dolores difusos, alteración en la piel, problemas respiratorios…

Carencias en cuidados básicos

  • Vestido, alimentación (anemia), vivienda (cambios frecuentes, hacinamiento…)
  • Infraestructuras básicas deficientes o insuficientes (falta de servicios básicos…)
  • Referentes de cuidado cambiantes

Desarrollo general

Presentan estancamiento o retrocesos en el desarrollo:

  • Control de esfínteres, dormir, comer solos, caminar, la relación con otros, adaptación a los cambios…

 

Las consecuencias de la violencia no son iguales en todos los niños, cada caso es único ya que los factores protectores y la exposición al riesgo o maltrato, tienen una función decisiva en ello.

Para acabar, decir que las consecuencias de la violencia dentro de la familia son, sin duda, de un fuerte impacto.  Sin embargo, no olvidamos que existen  factores de protección del propio niño o de su entorno amplio, del que el equipo del CDIAP forma parte, que tiene un papel muy importante para matizar sus efectos en él.

 

Acerca de la intervención profesional

Algunos apuntes

Creemos que la situación que viven los niños dentro de entornos violentos no es algo inevitable, sino que es y debe ser evitada. Una legislación firme y progresista así como políticas adecuadas y realistas de apoyo a la familia y una mayor conciencia social facilitada por la información y divulgación cuidadosa del problema, son la base para crear condiciones donde eso sea posible.

Pero estas condiciones por si solas no aseguran el bienestar de “estas infancias” si no se complementan con intervenciones profesionales preventivas y comprometidas que evitarían sufrimiento e injusticia no sólo en los niños, sino también en los adultos responsables de su cuidado, desarrollo y protección.

El equipo del CDIAP como parte de la red social que atiende al niño víctima de violencia, resulta clave en la detección y acogida de él y su familia.

En nuestra opinión, en la atención temprana siempre ha de ir en paralelo: niño-familia. En la base de este enfoque está la premisa que “el bienestar de los niños no puede separarse del bienestar de los adultos que con él conviven y que la función de los adultos abarca un continuum que incluye la crianza, la educación y la protección del niño y que cuando se dan fallas en este continuum podemos hablar de situaciones de riesgo.” (G. Salvador, 2009)

En todos los casos atendidos en el CDIAP, pero diríamos que en éstos especialmente, es útil considerar a la familia como sujeto de atención de aquellas dificultades expresadas a un nivel por el niño, a las que nos referíamos anteriormente, y por otra al sufrimiento y dificultad de los propios padres y que no les permite asegurar la protección que aquel precisa.

A partir de  la detección del riesgo, los profesionales del CDIAP no están solos,  y en mi opinión, no han de estarlo. En función de la mayor o menor gravedad detectada, el nivel de implicación de los profesionales del equipo ha de ser diferente. En algunos casos será necesario la participación de otros profesionales externos que ofrezcan al niño espacios de atención especializada que le ayude a reparar los daños sufridos y /o contribuir a su protección si fuera necesario, es decir asegurarle un entorno de buen trato, que puede pasar en ocasiones por separar al niño del entorno violento.

Pensamos que no en todos los casos será necesaria la atención especializada fuera del CDIAP, pero en todos ellos se ha de dar un trabajo previo, en el que se valore la gravedad y cronicidad de los síntomas y poder preguntarse qué puede abordarse desde nuestro contexto de práctica y qué no; siempre teniendo en cuenta la interdisciplinariedad del equipo, las diferentes miradas profesionales y el tipo de vínculo que cada profesional tenga con el niño y sus padres.

Por último decir, que el trabajo compartido con los diferentes profesionales y dispositivos de la comunidad, no nos exime de responsabilidad, sino que justamente se trata de crear una red, en la que todos somos necesarios, que sostenga y contenga al niño y su familia y que pueda mantenerse hasta lograr las bases para su bienestar.

 

Guía orientativa de práctica

Se trataría en general de plantearse dos grandes objetivos: evitar efectos negativos en el desarrollo del niño y disminuir el sufrimiento que dejan los traumas.

Y a nivel más concreto: crear condiciones donde la detección y la escucha del sufrimiento sean posibles, al mismo tiempo que favorezcan la estabilidad y protección del niño en primer lugar, pero también a los adultos de su entorno.

Crear este marco de intervención profesional también requiere, como ya señalábamos, mirarnos a nosotros mismos y preguntarnos sobre nuestras propias creencias, vivencias y prácticas concretas. Sólo así podremos evitar  posturas negadoras, sobreactuadoras  o evitativas, que en nada ayudarían a  evitar sufrimiento a los niños y familias que atendemos. Muy al contrario, con ellas corremos el riesgo de  agravarlo y/o cronificarlo.

 

Pasos para la intervención con el niño

1.- Valoración. Se requiere una detección previa ya que sin detección no hay intervención posible.

  • Explorar fuentes: El niño/a, los padres u otros miembros significativos para aquél, los profesionales que conocen al niño y a la familia, y muy especialmente a la escuela.
  • Valorar las consecuencias en el niño, la gravedad y las áreas preservadas, es decir, los aspectos resilientes.

2.-Crear condiciones de seguridad física y emocional para el niño: Ambiente estructurado y predecible en lo posible. Y ello dentro del espacio terapéutico del CDIAP pero también en el marco familiar (introducción de recursos sociales externos si se consideran necesarios). Utilizar la contención como elemento de prevención y también de protección del niño.

3.- Ofrecer tiempo y crear un espacio neutral, contenedor, donde el niño pueda expresar su malestar y preocupaciones. Utilizando técnicas adaptadas a sus necesidades y sobre todo la relación y el vínculo profesional-niño/a.

Los objetivos específicos a conseguir serían a nuestro entender: potenciar factores de protección, recuperar capacidades dañadas y desarrollar recursos nuevos.

La actitud respetuosa, cuidadosa y desculpabilizadora hacia él y sus padres, puede resultar “antídoto” ante la situación vivida.

4.- Trabajar de forma específica los efectos de aquella violencia. En estos casos se requeriría dos tipos de actuaciones: Clínica y protectora. Es necesario plantearse aquí la implicación de otros profesionales/servicios externos al CDIAP.

 

Pasos para la intervención con los padres

1.- Valoración. Contacto con los propios padres (juntos o separados), otros miembros significativos de la familia y profesionales del entorno. Valorar aspectos de riesgo y de protección. La comprensión del profesional tendría que primar por encima de los juicios de valor.

2.-Abordar con ellos los núcleos de dificultad central detectados y sobre todo el efecto y dolor en los niños.

Se trataría de:

  • Ayudarles a recuperar capacidades parentales.
  • Acompañarles en un proceso de reflexión que les permita hacerse  responsables de sus actuaciones.
  • Trabajar la conciencia de problema y la necesidad de ser ayudados.
  • Fomentar y/o ampliar su red de apoyo.

3.-Trabajar la derivación para un trabajo específico y/o medidas de protección (en función de la gravedad, aspectos protectores, disponibilidad a la ayuda…).

4.-Mantener un trabajo de colaboración, entre todos los servicios y profesionales que están en contacto con el niño y la familia (dentro y fuera del CDIAP).

Para acabar esta reflexión recogemos brevemente algunas condiciones básicas relativas a este trabajo colaborativo necesario pero dificultoso en la práctica.

  • La colaboración entre equipos y profesionales es básica tanto en la detección como en la atención de estos niños. Esta colaboración permitirá la ayuda eficaz y evitará desajustes en ella.
  • Se requiere un marco común de comprensión, reflexión y  acuerdos además  de  voluntad, para buscar espacios de trabajo y diálogo, centrado en la singularidad de cada situación.
  • Necesidad de formación y sensibilidad necesarias para lograr objetivos eficaces.
  • Necesidad de una red comprometida en la comprensión del malestar y búsqueda de recursos para ayudar a todo el sistema familiar.
  • Considerar la protección como una herramienta de intervención, aunque no necesariamente la única ni la primera.
  • En casos graves, se trataría de realizar una intervención específica para la cual el CDIAP no siempre cuenta con recursos suficientes. La derivación acompañada es el recurso necesario y útil.

Deseamos acabar con un último apunte que precisaría ser desarrollado en otro espacio.

La violencia en la familia y entorno más cercano del niño es la forma de violencia de la que con más o menos frecuencia se hace eco la sociedad a través de los medios e instituciones públicas y la que habitualmente detectamos y tratamos en nuestras prácticas.

Sin embargo, se habla y piensa menos en la violencia existente en los “otros entornos” menos próximos al niño pero no por ello menos importantes en su desarrollo. En este sentido, quisiéramos resaltar aquella forma de violencia que tiene lugar cuando se recurre, por parte de los servicios y profesionales, a la descalificación sistemática  de los padres o se deja a  la familia sin la ayuda que precisa para que las funciones que ha de desempeñar puedan darse en condiciones suficientemente buenas.

 

Bibliografia

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Lizana Zamudio, Raúl.:A mí también me duele. Niños y niñas víctimas de la violencia de género en la pareja. Gedisa, Barcelona, 2012.

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Navarro, I. y otros.:Familias y problemas. Editorial Síntesis, Madrid, 2007.

Pérez Testor, C.: (compilador). Parejas en conflicto. Temas de Salud Mental. Paidós, Barcelona, 2006.

Pittman, Frank S.:Momentos decisivos. Tratamientos de familias en situaciones de crisis. Paidós Terapia familiar, 2012.

Salvador Beltran, G.:Familia. Experiencia grupal básica. Temas de Salud Mental. Paidós,  Barcelona, 2009.

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